Súper Sexo (II)
Si llueve y no lleva paraguas, se puede mojar. Eso es todo. Pero si tiene sexo y no se proteje, se puede… ya sabe, por favor… protéjase. Y no diga que se protege porque usa condón. Díga también, si es promiscuo, que anualmente se hace los exámenes de despistaje para el VIH y el virus de la hepatitis C. Con su pareja. (Promiscuo: más de una pareja sexual por año. Y no me vea así, que yo no inventé la definición). “Yo no soy promiscua, mi problema es el flujo”. ¿Qué flujo? “El de la energía… ¡Por favor doctor! De la vagina…, ¡El vaginal!… el flujo vaginal”. Hum…. ¿le pica? Es blancusco, no le huele, y le pica. O le huele, es verdoso, y no le pica. Y le preocupa. Que sea su pareja el que se lo pega. “No, no es él. Antes siempre lo tenía”. ¿Qué cosa? “¡El flujo pues, doctor!…” Ahhh, claro. Va al ginecólogo, la medican, mejora, y al mes le vuelve el problema. Y ya no sabe qué hacer. Usa las duchas vaginales y el olor a pescado empeora. Porque mata las bacterias que controlan la Gardnerella Vaginalis. ¡Plop! Despacio. Yo hablo de bacterias y usted pensaba que hablaría de los hongos. La segunda causa más frecuente de consulta por flujos. Porque la primera son las bacterias. Que viven ahí. En su vagina. Y que se alborotan de vez en cuando. Y que podrían causar tan pocos síntomas que muchas se acostumbran a vivir así, “porque yo siempre he sido así”. Las Vaginosis (para diferenciarlas de las vaginitis), no son en el sentido estricto de la palabra infecciones. Y no lo son, justamente porque se producen gracias a ciertas bacterias que viven en la vagina. Así que relájese. No se pega. Pero igual hay que tratarlo. ¿Quién tiene la culpa? El PH vaginal alcalino que debería ser acido. ¿Y por qué no es ácido? Porque su vagina alberga poquitas bacterias “buenas” o lactobacilos, encargadas de producir el peróxido de hidrógeno necesario para que lo esté. La vagina. Acida. Una vagina ácida. Como debe ser. Para que las bacterias anaeróbicas no crezcan y no se produzcan las proteínas responsables del característico olor, que generalmente empeora con el acto sexual (cuando dichas proteínas entran en contacto con el semen) y después de la menstruación (día 14 del ciclo, cuando los estrógenos en la mujer se encuentran elevados). El flujo puede ser abundante, cremoso, y gris, o blanco, poco espeso, y de menor cantidad. ¿La buena noticia? Todo esto desaparece con menos de 48 horas de tratamiento. ¿La mala? Es frecuente la recidiva. Más del 25% de las mujeres reportan volver a tener los síntomas en menos de 6 semanas de haber sido correctamente tratadas con alguna de las dos opciones: Metronidazol o Clindamicina. Ya por via oral o vaginal, ambos fármacos son igualmente eficaces, pero deben ser indicados por el médico. Repito: Sólo los puede tomar bajo vigilancia médica. Pero como ya decíamos, frecuentemente el problema regresa, desesperando tanto a médicos como a pacientes. Una nota antes de continuar. Las Gardnerella Vaginalis es una de las mejores razones para entender lo importante de consultar al ginecólogo cuando tenga flujo. Es frecuente ver cómo muchas se automedican con cremas para hongos que para nada mejoran el problema. La Gardnerella no es un hongo. Es una bacteria que vive de rodillas y mirando a la esquina gracias al las otras, los lactobacilos, que como dijimos, mantienen el PH vaginal ácido. Un dato. Bote su jabón. Compre uno que sea hipoalergénico y antibacterial, que no sea alcalino, y que su PH sea similar al de la piel. En dos platos, que no le cambie el PH de la vagina. Esto es muchas veces la solución. Facilito, no le parece. Pero si aún así regresa, evalúe con el ginecólogo la toma profiláctica (de manera preventiva) de una dosis mensual del tratamiento clásico. Claro, no todo flujo que huele y es gris es una Vaginosis por Gardnerella. También pudiera ser una enfermedad de transmisión sexual, conocida con el nombre de… Upss… Otra vez. Se nos acabó el espacio. Continuamos en la próxima.
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