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Súper Sexo (I)

¿Hace usted el amor? “Pero que pregunta. Tres veces al día, siete días a la semana”. No, no… en serio, cuál es su frecuencia. “¿Y a usted que le importa?” Primero, porque me da un paneo bastante rápido de su estado hormonal. Segundo, porque no hay mejor manera de conocer su mundo interior, y tercero, porque sucede y acontece… que yo soy tu esposa Roberto, ¿Algún problema?” Hay no. Esta noche no. Si quieres otro día hablamos de eso. Pero ahora estoy cansado, y mañana me tengo que parar a trabajar. Esta bien, si usted no tiene tiempo, afuera hay alguien que si. Que escucha con detenimiento. Que se impresiona con detenimiento. Y que celebra con detenimiento. Es paso uno. Dejar que el otro hable. Decir Wao paso dos. Sin esto, no hay Súper Sexo. O comunión. O unión. Común de dos. Deseo podrá haber, pero se esfuma con la pérdida del Qui. Es, en orden de frecuencia, el primer obstáculo que veo en la consulta. La pérdida el deseo, el segundo. “No se… pero últimamente no tengo la mismas ganas”. Hombres y mujeres por igual. Cuando no es el miedo al pecado lo que frena. “Yo entes era… y ahora soy…” Y después, todas las demás: la eyaculación precoz u hombres breves, los cuerpos que ya no son atractivos porque dejaron de hacer ejercicio, las mentes que ya no son atractivas porque dejaron de crecer, el embarazo, el post parto, los medicamentos que inciden en el desempeño sexual, los problemas económicos, la infidelidad, la masturbación, los conflictos religiosos, el sexo después de los 70, los diferentes ritmos en la pareja, la falta de conexión espiritual con su depresión post coito, los flujos vaginales, y… finalmente, las archicomentadas enfermedades de transmisión sexual.  Con ellas comenzamos nuestro próximo. Hablaremos, por ejemplo, de los dedos que no usan condón. Y que podrían estar rotos. Los dedos, digo. Y que de estarlo, podrían ser la puerta de entrada al organismo del HIV o del virus de la Hepatitis C o de la B o de cualquier otra infección. ¡Upss! “Ayuden a los que tienen al lado. Pero si no pueden, al menos no le hagan daño”, dijo el Dalai Lama en una oportunidad. Por eso comenzamos así, cuidando nuestro organismo para entregarnos con amor. Y si no hay amor, al menos sin hacer daño. ¿Cuales son los exámenes que nos debemos practicar para cuidar nuestra salud sexual? ¿Cuál es el porcentaje de error? ¿Cuál es el período de ventana? Upss, perdón. Tal vez no sabe qué es período de ventana. Por ahora confórmese con saber que alguien puede contraer el HIV, por ejemplo, y no verse reflejado en el examen de sangre durante el primer año del contagio. ¿Por qué? Por el período de ventana. Humm… está bien, no queda del todo claro, pero ya tendremos tiempo para explicar porque no debe celebrar sino hasta el año del encuentro sexual. Sobretodo aquellos con piercings, tatuados, y pinchados en cualquier modo sin vigilancia médica. ¿Les dije que la mitad de los contagios por Hepatitis C no tienen historia de transfusión de sangre? ¿Y que entre la A, la B, y la C, la Hepatitis C es la única que no cuenta con vacuna? Como digo, ya habrá tiempo. La idea es persuadirlo a que se haga los exámenes que se debe hacer con su médico. Será la muerte del siempre famoso “Hace tiempo que no me hago exámenes”, que es el hermano mayor de “A mi no me gustan los médicos”. Y todo gracias al Dios Sexo, a quien usted le rinde culto y pleitesía. Porque un gran número de las personas que hoy están infectadas, no saben que lo están. Podría no tener síntomas por diez años a partir del día del contagio, por ejemplo, en el caso de la Hepatitis C. Y podría estar perdiendo tiempo valioso para no llegar a estar mal en el futuro. “Basta, basta”, dice usted. “No más infecciones/miedo/exámenes por ahora. “Hablemos del Tantra, de las posiciones sexuales, y de las mujeres multiorgásmicas”. Seguro. No lo dude que lo haremos. Y de los hombres también.

Cuídese y hasta pronto,
Dr. Johnson