Súper Flaca (V)
En la puerta hay un cartel: Entre y saldrá Súper Flaca. "Que se me vean los huesitos de la cadera". Eso no es Súper Flaca. Súper Flaca es Actitud, como la mujer que llegó de última en la carrera del domingo. A dos de este. Diez kilómetros de distancia. Carrera y caminata. En Caracas. ¡Wao! Felicitaciones a todos. Pero sobre todo a la mujer que llegó de última. Habíamos terminado. Con agua en la mano y la mirada en el cielo, nos dirigíamos al carro en medio de ese intenso, pero tranquilo éxtasis que sólo el sexo, la meditación, y el yoga producen. De pronto… un grito: “¡Vaaaaaaaamos guuooooooooooorda!” Volteamos. Al frente, la calle sola con los típicos papelillos que recordaban algún desfile del día anterior. A la izquierda, la clásica arepera. Y a la derecha, a la derecha la más importante lección del día. La gorda. Cariñosamente, claro. O como dije, la mujer que llegó de último y que pudiendo abandonar no abandonó. Primero entiendan la escena. Para los que estábamos ahí, el evento ya había terminado. Y para la mayoría, haber levantado sus 130 kilos a las 6 de la mañana de un día lluvioso, tan solo para correr, hubiese sido tarea imposible. Por miles de razones. O de excusas. Pero igual imposible. Por cierto, una aclaratoria. Nuestra amiga alternaba el trote con el caminar. Lo sé porque después del grito se detuvo y comenzó a caminar. Pero igual es nuestra heroína. ¡Dios mío! - piensa usted. “Con tanto peso sería prudente que solo caminara”. Estoy deacuerdo, pero ese no es el punto. El punto es que aquella mujer contaba con lo que a la mayoría no cuenta. Actitud. O como dice Jim Rohn, actitud para subir la montaña. “Esta es mi montaña. Me dijeron que es fría, rocosa, y empinada. Pero es mi montaña y la voy a subir. Y me verán desde arriba saludando, o muerta a un costado”. Sin embargo, la mayoría dice, “Esta es mi montaña, y estoy esperando que venga alguien y me cargue”. Ojalá tengan plan B. Porque no van a venir. Ni el doctor que pone agujas en la orejas, ni la dieta buenísima que hizo mi prima, ni la pastilla milagrosa que acaban de inventar, ni mi vecina que no me acompañará a caminar, ni cuando mis hijos salgan de vacaciones, ni cuando mi esposo no me invite a restaurantes, ni qué se yo cuántas que cosas que le roban la fuerza para creer. Claro. Usted ya está harta del pollo a la plancha. Con lechuga. Y ya se sabe las dietas de memoria. Y el único médico que le falta por ir, es el que no ha nacido. Por eso ya no cree que lo pueda lograr. Y por eso ya ni se imagina con la vida que renunció a tener. Para no sufrir más. Pero igual sigue sufriendo. ¿Sabe por qué? Porque en el plano esotérico usted sabe que puede. Y que lo único que necesita, es tan sólo cambiar de estrategia. Buenas noticias, con sólo cambiar algunas piezas del rompecabezas, usted puede salir victorioso. Y se eso tratarán nuestros próximos Sobre la Balanza. Pero primero recupere la fuerza. Su actitud. Sus ganas de subir la montaña. Imaginando que consigue la ropa que le gusta, que juega con sus hijos, que tiene mejor sexo, que va a las reuniones, que rescata su pasión, que flirtea con la gente, que la espalda no le duele, que le gusta su trasero, que vuelve a la playa, que no pelea con su esposo, que alivia sus rodillas, que evita el quirófano, que prolonga su vida, que ve crecer sus nietos, que hecha el tiempo atrás, que no se cansa, que se embaraza en el acto, que lo intenta de nuevo, que sorprende a su ex, que entra en cualquier silla, que siente que vale, que ya no la aplasta, que se quita la barriga, que vuelve a caminar, que le cierran los abrigos, que ve la menstruación, que no hay rose entre las piernas, que carga a su hijo, que se quita la camisa, que no siente más dolor, que quiere estar en fotos, que baila igual que antes, que se quita los anillos, que no le da gastritis, que no usa más la faja, que recupera su vida y que vuelve a ser usted. Continuamos en la próxima.
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