Súper Flaca (III)
Estoy en consulta. Mi paciente habla y habla mientras la escucho. Hasta que el teléfono suena. Está prohibido que pasen llamadas a menos que sea una emergencia. Disculpe, le digo mientras atiendo. “A una paciente le urge hablar con usted”, se adelanta mi secretaria. Pásala, ponla en la línea. “Doctor es Verónica, se acuerda de mi (nunca dicen su apellido) Cómo no, Verónica. Cuéntame. “Es que la pastilla que usted me mandó, se acuerda… que me empecé a tomar primero un cuarto y después la mitad… bueno, es que resulta que estoy preocupada porque me hice la prueba y estoy embarazada”. ¿Qué pastilla te mandé? “Es Verónica Armadillo, la de Puerto la Cruz” (después siempre dicen su apellido). Si, si, Verónica. Me acuerdo perfectamente, que viniste con tu sobrino y la niñera. ¿Qué pastilla te mandé? “Ah caray, no se acuerda. Bueno claro con tantos pacientes… – se escucha que la busca en la cartera - espérese para ver que la tengo por aquí… espere para ver… una que empieza por m, que la caja es blanquita como con una línea roja… (otro clásico). Aquí está. Metfor… Clorhidrato de Metformina. ¿Es peligrosa para mi bebe? ¿La tengo que suspender?”. Buena pregunta. Sobre todo porque es harto frecuente. Son mujeres que han tirado la toalla después de haber intentado “por todos los medios” salir embarazadas, y que luego consultan por obesidad o sobrepeso. Le diagnosticamos resistencia a la insulina y le indicamos Metformina. ¿Resultado? Ovulan y salen embarazadas. “No Verónica, no la tienes que suspender. La pastilla protege tu embarazo, y también protege a tu bebe”. Como decíamos en nuestro anterior, la resistencia a la insulina es capaz de producir muchas alteraciones en el organismo, entre ellas infertilidad. Y aunque en los medios de comunicación se ha hablado ya mucho sobre el tema, todavía existe un sin número de mujeres que lamentablemente desconocen la que podría ser su solución. “Tengo 6 meses haciéndome exámenes de todo y estoy perfecta doctor, tan solo déme la dieta”. Es comprensible. Han pasado por muchos tratamientos y están cansadas de nosotros los médicos. Ya han aceptado “el deseo de Dios”, y tienen miedo de volver a consentir la posibilidad de un embarazo. Así que no quieren ni hablar del tema. “Ahora me quiero dedicar a mi. No me pida más exámenes que estoy toda revisada y estoy perfecta. Déme la dieta”. Pausa. La tengo que hacer. Quisiera estar deacuerdo que están “perfectas”, pero muchas veces es evidente que tienen resistencia a la insulina. “Ese examen también me lo hice y también salí bien, aquí lo tengo”. Y es cierto. El examen lo hicieron. Pero lo que no es cierto es que siempre está bien. Aquí las razones son varias. El médico que lo leyó se guió por los “valores normales del laboratorio” que están equivocados; el examen fue realizado con una comida y no con la carga glucosaza; el examen fue realizado con la carga glucosaza con insulina a los 0 y 120 minutos, pero no a los 60 y la persona “recoge” la insulina rápidamente; el exámen en efecto está bien, pero el paciente forma parte de ese 10% de mujeres con resistencia a la insulina que no se evidencia en los exámenes. Nuevamente, aquí la clínica es lo importante (relea el artículo anterior). Y su papá y su mamá. ¿Diabetes en su familia? ¿Su cuerpo, su forma, su cintura…, se parece a la rama de su familia que tiene esa diabetes que usted llama de la edad? ¿Tiene grasa alrededor de la cintura? Si es así, vuelva a consultar. Recuerde, hace 15 segundos, si tuviéramos 24 horas de historia, todos tendríamos resistencia a la insulina. Como no existían anticonceptivos y era el paraíso (se hacía el amor tres veces al día), Dios la habría inventado para que las mujeres no anduvieran realengas por ahí todas llenas de muchachos no deseados. Que en un ambiente de sólo carnes, raíces, semillas, y frutas, y de mucha actividad física, permitían ovular aunque no todos los meses, si con cierta frecuencia. Más en invierno, que no había ni frutas.
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