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La Solución Natural
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La Solución Natural (III)

Ella lo observa cuando llega. Entonces levanta sus largas piernas y coloca sus manos al frente sobre la mesa. Hace como un gato. O como un yogui. O como cualquier cosa para llamar su atención. De coquetearle, diría Kundera (de ofrecerle sexo futuro, pero sin garantía de que se llegue a dar, diría exactamente). Se acerca. Parece que le dirá algo. “Hola Andrés”, le dice. ¡Dios mío! Sabe mi nombre piensa. “¿Nos conocemos?”, pregunta sorprendido. “Claro…”. Se pone rojo. Tan solo han pasado diez segundos y la mujer quiere decirle algo. Será una frase. Un comentario. Una pregunta. No lo sabe, pero lo que sea que aquella diosa le diga, él lo aprovechará con una invitación. Lo ensaya mentalmente: “Quisieras ir por un café alguna de estas tardes”. Dios mío no. ¡Qué gallo! Como se ve que hace tiempo que no sale con nadie. Debe ser algo más fuerte, más seguro, más varonil. Que sea diferente, que nunca lo haya escuchado. Que la deje boquiabierta. Eso es. Lo tiene. No la dejará decir nada, y él será quien hable primero. Qué mejor que eso. Así mostrará su mando y su deseo. A las mujeres les encanta que uno les muestre su deseo. ¡Te deseo! Le dice mirándola a los ojos. “Andrés por favor, soy tu enfermera. Y vengo a decirte que es hora comer”. Tal vez a usted no le interese el Alzheimer todavía. Pero algún día le interesará. Sobre todo porque querrá saber cómo evitar una enfermedad que sufre la mitad de aquellos con más de ochenta años, y que se presenta desde mucho antes inclusive. No tan evidente como en Andrés, pero si tan lentamente que podría pensar que su síntoma no es importante. ¿Es un olvido o es el comienzo del Alzheimer? Por Dios. Ni lo diga, dice usted. Pues si se lo digo. La detección temprana permite retardar su evolución. Esa es la mala noticia. No se cura. El alzheimer es progresivo. Y no agarra la memoria. Agarra la memoria y las habilidades para pensar y desarrollar las tareas del día a día. ¿No se puede hacer el lazo de los zapatos? ¿Sabe que el tigre mató al león, pero no sabe quién se murió? ¿Fue a cobrar un cheque que ya cobró el día anterior? ¿Metió la pasta de dientes en la nevera? ¿Siente que quiere hablar del sombrero y termina con “la cosa esa que se pone en la cabeza”? ¿Repite “todo” uno y otra vez? Atención familia. Este escrito es para ustedes. Existe una proteína que se deposita alrededor de las neuronas que puede ser la causante de todo. Forma las placas de amieloide que alteran el cerebro. Es progresivo. Pero se puede retardar. Haga que su familiar consulte. Sobre todo si ha habido Alzheimer en la familia. Muy bien. Ahora la buena noticia: DMAE. El nutriente estimulador número uno de la memoria común a diferentes tipos de drogas que son utilizadas para estabilizar las membranas. Por eso su uso en la medicina antienvejecimiento. Anti arrugas, debería decir. Pero hoy el tema es otro. El tema es que el DMAE es precursor de la Colina. ¿Recuerda la Colina? ¿Y la Acetilcolina? El neurotransmisor encargado de la memoria, el pensamiento, y el control del movimiento que disminuye con la edad (corrijo, con el tiempo)? En el Alzheimer, por ejemplo, sus niveles son anormalmente bajos (las neuronas “colinérgicas” muestran una gran degeneración celular). Consumir DMAE significa estimular los nutrientes encargados de la memoria. Y aunque puede obtener Colina de la phosfatidilcolina presente en la lecitina, el DMAE cruza mucho mejor la membrana hematoencefálica permitiéndo que esta se produzca en las mismas células cerebrales, estimulando así mucho mejor la memoria. En Europa por ejemplo, la droga Centrophenoxine que combina DMAE con el químico p-chlorophenoxyacetate, es prescrita para disminuir o retardar el declive mental “normal de la edad”. Si quiere protegerse, tome DMAE. Pero no sin antes consultarle a su médico.

Cuídese y hasta pronto,
Dr. Johnson.