Quiero más energía (IV)
Busque una mancuerna y haga las repeticiones que pueda. Bíceps o tríceps, las que sea. ¿Cuántas hizo? Ahora vierta 5gr de D-Ribosa en un vaso de agua y reinténtelo a la hora. ¿Sorprendido? Como cuando era niño: “¡Se acabó! Ahora si ¡a dormir!” Y usted que seguía brincando porque sus células eran “pura” D-Ribosa, pero sus padres no lo sabían (lo hubiesen dejado despierto más tiempo). En promedio, el cuerpo cuenta con 1,6 miligramos de Ribosa por cada 100 mililitros de sangre. El ladrillo con el que construye ATP o la molécula de la energía, y que en condiciones normales siempre es suficiente. ¿De dónde lo saca? El cuerpo lo produce a través de la glucosa que transporta hacia sus células. Sin embargo, con el stress, la enfermedad, o la actividad física, sus demandas celulares aumentan exponencialmente, y si no cuenta con el metabolismo celular óptimo, se sentirá como si le chuparan la energía. Usted sabe de qué le hablo: dolores musculares, rigidez, y fatiga generalizada. Pero lo que no sabe es suplementarse con D-Ribose. Pipa en boca, el marinero que abre una lata y en un segundo le corre un chichón del tronco a los brazos. ¡Sorpresa! No es Popeye, y tampoco es espinaca. Es D-Ribosa. La leña del fuego que produce el balance iónico necesario para que los músculos se relajen y le dejen de doler, eliminando igualmente la fatiga, cuando como le dije, su cuerpo ya no lo produce en concentraciones ideales. No existen alimentos en la naturaleza que lo contengan significativamente, pero su cuerpo lo produce. “¿Y si no lo produce?” Buena pregunta. Sobre todo porque acaba de leer que en condiciones de stress, enfermedades, y con el ejercicio físico extremo, el organismo no es capaz de alimentar su demanda, disminuyendo la cantidad del ATP requerido y degenerando sus propias membranas celulares. Y aquí comienza el problema. Si las membranas no se encuentran bien, el transporte de calcio, magnesio, sodio, y potasio, tampoco se encuentra bien, cerrando el círculo vicioso. Deténgase un momento. Usted va a un restaurante. Se le acerca un mesonero, ordena la comida, y le lleva la orden al Cheff. El Cheff quiere cocinar. Eso es lo que hace. Eso es lo que quiere. Eso es lo que espera. Pero no puede sin comida en la cocina. Lo mismo sucede con sus células. Sus hormonas son sus comensales. Sus células son el restaurante. El Cheff es la mitocondría. Y el intercambio iónico que se produce en sus membranas son los mesoneros (un saludo a todos los Cheffs y mesoneros del país). La D-Ribosa es la comida, y el plato que ordena se llama ATP. Sigamos adelante. Existen más de 300 estudios publicados sobre este nutriente cuyo nombre químico es el de D-ribofuranose. Es un azúcar simple de cinco carbonos, o pentosa, presente en todas las células de su cuerpo, siendo muy importante su presencia en el músculo cardíaco donde la actividad es continua. Aunque el organismo cuenta con procesos como el de la glicólisis o el Ciclo de Krebs altamente efectivos, el proceso de producción de la D-Ribose (en inglés) es mucho más lento. Conocer que este súper nutriente le puede mejorar la contractibilidad cardíaca, la fibromialgia, la resolución de la fatiga, o el rendimiento en su próximo maratón (a usted que es un atleta), y saber además que es nutriente que se puede consumir sin prácticamente ningún efecto secundario, y no consumirlo, es igual a no saberlo. Actualmente en el mercado se consigue en polvo y tabletas, siendo en mi opinión la primera, la mejor manera de administrarlo. Ya casi terminamos. A usted le gustó todo, menos que es un azúcar. ¿Le va a engordar? No he tenido nunca esa experiencia. Y al contrario de lo imaginado, en aquellos que requieren vigilar sus niveles de glicemia, es importante saber que la D-Ribosa puede producir una leve disminución de la glicemia, por lo que la recomiendo con un jugo de fruta fresca. ¿Dosis? 5 gramos dos veces al día. Pero recuerde: No sin antes consultarle a su médico. En Sobre la Balanza su médico está primero.
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